Una vez en el jardín
Me senté a charlar con las flores
Llenas de colores, de sabores y
De olores comenzaron a cantar
Se quejaban sin parar
Pero una en especial
La cayena, sin dudar
Era la más parlanchina
Se pasaba todos los días
Contando lo que sentía
Sus disgustos y agonías
Cuando las otras flores le decían
Que era gorda y aburrida
Yo consolándola le decía
Que eso era mentira.
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